
Los trabajadores que luchan por estabilizar la central nuclear de Fukushima han retomado sus trabajos después de que, como ya ocurriera durante el día de ayer con los reactores 3 y 4, se vieran obligados a suspenderlos al salir humo de los reactores 2 y 3, según la agencia Kyodo. En las últimas horas, los operarios han logrado extender cables hasta los seis reactores de la planta, en un nuevo paso para restaurar la electricidad en todas las unidades y reactivar el sistema de refrigeración, según la televisión NHK.
Sin embargo, la situación está lejos de estar controlada. El portavoz de la Agencia de Seguridad Nuclear, Hidehiko Nishiyama, acaba de informar a los periodistas de que una piscina de residuos nucleares se está calentando, y que está al borde de la ebullición, según Associated Press. Se cree que este aumento de las temperaturas es lo que ha causado el vapor que desde ayer ha emitido del reactor 2, y que aún sale en pequeñas cantidades. Sin embargo, ya no sale humo del reactor 3. El funcionario advierte que si el agua de la piscina se evapora y deja expuestos los residuos nucleares, podría dar lugar a nuevas emisiones radiactivas.
La buena noticia es que los trabajadores de Tokyo Electric Power (Tepco), la empresa que opera la central, han conseguido conectar cables a los reactores 3 y 4, los únicos que faltaban después de que esta madrugada se lograra llevar el cableado hasta el 1 y previamente a las unidades 2, 5 y 6, con lo que podrán agilizarse las tareas de refrigeración y evitar así una fusión parcial de sus núcleos, lo que supondría una nueva emisión de partículas radiactivas a la atmósfera. Pero antes de restaurar la electricidad, proveniente de sistemas de alimentación externos, aún se debe revisar todo el equipamiento de los reactores para evitar cualquier cortocircuito, según la cadena japonesa.
Después de analizar la situación sobre el terreno, el portavoz de la Agencia de Seguridad Nuclear, ha afirmado que, si todo transcurre según lo previsto, a las tareas de refrigeración se sumarán hoy tres camiones dotados con mangueras de 50 metros de largo para el lanzamiento de agua a propulsión. Además, varias compañías privadas comenzarán a verter el líquido desde puntos más elevados.
El ministro de Economía, Comercio e Industria de Japón, Banri Kaieda, ha indicado, por su parte, que aún es pronto para determinar si el trabajo desarrollado por los equipos de emergencia va por el buen camino, según informa Kyodo.
La escasez de combustible dificulta la distribución de la ayuda
Las aerolíneas que operan en el tokiota Aeropuerto Internacional de Narita, encargado de gestionar el tráfico aéreo internacional de la capital japonesa, han comenzado, ante la imposibilidad de rellenar los depósitos de combustible debida a la escasez de petróleo que sufre ahora el país, a derivar sus aviones a Nagoya o a otros aeropuertos del sur como Osaka, informa Georgina Higueras.
El problema se extiende igualmente -dos de las tres refinerías fueron afectadas por el terremoto- a la distribución de los víveres y la ayuda que llega en barco a la isla y que no pueden ser transportados por carretera al norte del país.
Con el objetivo de paliar este déficit energético, el Ministerio de Comercio ha permitido liberar reservas de crudo, manteniendo solo las necesarias para garantizar 45 días de consumo. Es la segunda vez que adopta esta decisión, después de que la semana pasada decidiera rebajar desde los 70 a los 67 días la cantidad de reservas obligatorias, liberando así un total de 1,26 millones de kilolitros.
Antes de que se produjera el desastre, en diciembre, Japón contaba con las reservas necesarias para cubrir 113 días de demanda, mientras que el sector privado almacenaba la cantidad correspondiente a 85 días.
El miedo a la radiactividad se extiende a Corea del Sur
Mientras, el miedo a la radiactividad se ha extendido más allá de las fronteras de Japón. El presidente de Corea del Sur, Lee Myung-Bak, se vio obligado ayer a intervenir públicamente y asegurar que el país está a salvo de las fugas de radiación ocurridas en la central nuclear japonesa de Fukushima. "Sé que mucha gente está preocupada sobre si podemos vernos afectados por el problema (...) Ante todo, puedo garantizaros que no tenéis de qué preocuparos", dijo.
Lee afirmó que la radiactividad de la planta dañada por el terremoto y el tsunami ocurridos el pasado 11 de marzo en la costa nororiental de Japón no había tenido de momento ningún impacto en Corea del Sur y que los vientos que soplan todo el año desde el oeste hacen muy improbable la llegada de radiación tan lejos en concentración peligrosa. "Por favor, no os dejéis influir por rumores sin fundamento o especulaciones que no son científicas sobre la lluvia radiactiva", aseguró. Lee dijo también que las 21 centrales existentes en Corea del Sur podrían soportar "el máximo terremoto susceptible de ocurrir en la nación".
El pánico se ha propagado a través de Internet, lo que ha obligado al Gobierno de Seúl -la capital extranjera más cercana a Fukushima- a perseguir a quienes difunden rumores. Un joven de 28 años ha sido detenido por este motivo. Los farmacéuticos han hecho también un llamamiento a los consumidores para que no compren pastillas de yodo -que pueden ser utilizadas para reducir el riesgo de cáncer en caso de exposición a la radiactividad-, impulsados por el miedo.
A pesar de que la situación en Fukushima -que se encuentra 240 kilómetros al norte de Tokio- ha mejorado progresivamente en los últimos días, la crisis continúa plagada de incertidumbres.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo que la detección de radiación en alimentos, como leche y alcachofas, y agua, registrada los últimos días es un problema "serio", y "más grave" de lo que se pensaba. La OMS afirmó que algunos de los alimentos contaminados por la radiactividad liberada a la atmósfera han salido de las zonas de exclusión y control de 20 y 30 kilómetros en torno a la central. Los niveles de yodo y cesio radiactivos identificados hasta ahora en comida no son peligrosos, según el Gobierno. Tokio ha prohibido a cuatro prefecturas situadas alrededor de la central que envíen espinacas a otros lugares y ha vetado el suministro de leche desde la provincia de Fukushima.
Las autoridades han pedido también a quienes residen cerca de la planta nuclear que no beban agua del grifo porque han sido encontrados altos niveles de yodo tóxico. No ha habido casos de alimentos contaminados en Tokio.
El Organismo Internacional de la Energía Atómica , entidad dependiente de la ONU, señaló que la situación de la planta japonesa continúa siendo muy grave y señaló que ha detectado niveles de radiación 1.600 veces por encima de lo normal en un área a 20 kilómetros de la central nuclear de Fukushima.
El temor a una potencial nube radiactiva ha llevado a muchos habitantes de Tokio a dejar la capital. Aunque la vida está regresando a la normalidad, la gente sigue con miedo. "La semana pasada se fueron cuatros empleados. Yo continúo un poco asustado, pero la cosa está mejor. El problema es que el Gobierno no ha informado lo suficiente", dice Manuel Iwamoto, un joven japonés de origen peruano, que trabaja en una tienda de electrónica en el barrio de Harajuku.
Estados Unidos aseguró que está facilitando yodo potásico a los funcionarios norteamericanos y sus familias que viven en Tokio y otras zonas de Corea del Sur, como medida de precaución contra una potencial exposición a radiactividad, aunque les ha dicho que no lo utilicen hasta que se les indique. La cifra de muertos y desaparecidos por la catástrofe fue elevada ayer a 8.805 y 12.654, respectivamente.
El Banco Mundial dijo que el terremoto y el tsunami podrían costar a la tercera economía del mundo entre 122.000 y 235.000 millones de dólares -es decir, entre el 2,5% y el 4% del PIB-, y advirtió que, aunque inicialmente el desastre hundirá brevemente el crecimiento de la economía, esta será impulsada después por los planes de reconstrucción.
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